Repensar la RSC de las empresas a partir de ahora
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Repensar la RSC de las empresas a partir de ahora

El mundo y las personas después de esta pandèmia habremos cambiado y esto afecta directamente al papel de la RSC. Por ello, nos ha parecido muy interesante compartir con vosotros las reflexiones de Alberto Andreu Pinillos, Profesor Asociado de la Universidad de Navarra.

La protección del empleo y los empleados, lo primero.
Durante mucho tiempo los programas de impacto social han mirado hacia afuera; ahora tienen que mirar hacia adentro, más allá del voluntariado corporativo. Con la situación de paro y de ERTES que vamos a vivir; con la progresiva salida del estado de alarma; con la necesaria distancia social que habrá que mantener hasta que tengamos soluciones médicas al COVID19… las empresas más responsables serán aquellas que trabajen por el mantenimiento del empleo, por proporcionar equipos de protección individual a sus empleados y extremar las medidas sanitarias, por proporcionar herramientas tecnológicas suficientes para permitir el trabajo en remoto de forma ordenada, por ofrecer ayuda psicológica si fuera necesaria, por complementar durante un tiempo las necesidades básicas debimos o padres de sus empleados… Eso, será prioritario.

Repensar la cooperación entre el Estado y la Empresa.
El proceso de privatización de empresas públicas en UK, iniciado en 1979, nos dejó algunas lecciones; posiblemente, la más importante fuera que el Estado no puede retirarse completamente de algunos sectores, bien porque la empresa privada no los cubre íntegramente, bien porque en su salida no se establecieron unas claras normas de juego. En esta crisis ha quedado claro que la sanidad y los asuntos sociales (especialmente en los cuidados de mayores y personas dependientes) son dos temas en los que esa cooperación es absolutamente necesaria. En este sentido, cuando ha habido una necesidad urgente de camas en UCI, resulta llamativo que la sanidad privada haya denunciado que Gobierno y Comunidades no utilizasen sus recursos, con 2.190 UCIs vacías. Es solo un ejemplo.

La cadena de valor y el core business, como base de la RSC.
Ha quedado también claro que donde las empresas crean verdadero valor social es a través de su core business; hay tantos ejemplos que no me quiero detener en ellos (recomiendo visitar las páginas que han abierto Forética o Fundación Seres al respecto). La primera responsabilidad de las compañías pasa por hacer bien su trabajo; y cuando es necesario, como se ha visto en muchos casos, adaptar la cadena de valor a productos y servicios esenciales.

La acción social, volverá a cobrar importancia si se fija en lo esencial.
Esta crisis ha sacado a la luz multitud de iniciativas solidarias de la sociedad civil. Ahora, más que nunca, habrá que saber poner foco y no dispersar esfuerzos para reforzar lo esencial. Por ello, si la recuperación económica se retrasa más de lo deseado, las compañías tendrán que hacer esfuerzos para cubrir necesidades básicas (comida, vivienda, educación…) de los colectivos más desfavorecidos (especialmente niños, mayores y personas con discapacidad). El resto, pasaría a segundo plano.

El pay gap o brecha salarial: es el momento de abordarlo.
La crisis ha demostrado que las profesiones esenciales no están siendo reconocidas por la sociedad. Según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE), un profesional de la rama «actividades sanitarias y de servicios sociales», tenía una remuneración media bruta en 2018 de 2.160 €/mes (25.920 €/año); esto significa que, según datos del Informe de Remuneraciones de los consejeros de las Sociedades Cotizadas correspondiente al Ejercicio de 2018 elaborado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), un consejero del IBEX 35 gana 27 veces más; un presidente ejecutivo, 367 veces más; y un consejero delegado, 232 veces más. No es extraño que los accionistas hayan reclamado ya reducciones de salarios en varios sectores

Replanteamiento de las cadenas de suministro.
En todos los países, la crisis del COVID19 ha demostrado que convertir a un solo país, China, en la fábrica del mundo ha sido un error de bulto. Tal y como se afirmaba en un artículo publicado en la revista de MIT, Is It Time to Rethink Globalized Supply Chains?, a partir de ahora habrá que considerar la regionalización de la producción, crear existencias de seguridad adicionales en determinados productos, especialmente en el área sanitaria, y reconsiderar el valor de las economías de escala. Además, como se ha ocupado de destacar Juan José Almagro, en su artículo Belerofontes, publicado en Diario Responsable, «la gran paradoja de la crisis del coronavirus es que la pandemia vino de China y -eso parece- también la solución y, previo pago de su importe, la ayuda para solucionar la crisis también llegará desde allí en forma de mascarillas, respiradores, material de protección, test y vacunas».

El propósito… ahora sí.
A partir de ahora, las compañías que no sean capaces de demostrar su valor e impacto en la sociedad, tendrán difícil justificarse su existencia en el mercado. Ya no valen las imposturas porque, siendo sinceros… ¿cuántas compañías han diseñado su propósito más allá de un simple «tag line» o slogan publicitario? Con todo mi respeto a los profesionales de la comunicación: esto ya no va de story telling; va de story doing.

Habrá que gestionar el binomio Privacidad y Salud.
Tal y como se describe en el artículo Coronavirus is forcing a trade-off between privacy and public health, publicado en la revista MIT Tecnology Review, los países que han logrado contener sus pandemias (China, Corea del Sur y Singapur), han utilizado medidas de vigilancia agresivas a través de Apps como Suishenban para rastrear y aislar a las personas infectadas. Con estas Apps, el usuario concede todo tipo de permisos y culmina el registro enviando un SMS a su compañía telefónica para permitir que esta comparta también sus datos de ubicación. En este punto, las empresas tendrán que decidir si permiten, o no, el acceso a los datos de sus empleados en los móviles corporativos.

El cambio climático, a segundo plano. El COVID19 ya ha tenido sus efectos: la ONU y el Reino Unido ya han decidido aplazar la Cumbre del Clima de Glasgow. En este tema habrá que ser especialmente cuidadosos porque se corre el riesgo de que, si se pierde el foco de los medios de comunicación, se podrían relajar las exigencias en materia de reducción de emisiones en pro de la recuperación económica; habrá que aprender a trabajar sin el viento a favor… como tantas veces

Estas son solo algunas de las cosas que habrá que repensar. Ya habrá más tiempo para ello, pero es un inicio. Lo que está claro, es que no hay que esperar demasiado.

 

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